ZZZzzzzz…
Punto y final. Si es que no puede ser, que me quedo dormido, ¡coño!
Como tantos otros antes que yo (supongo, y espero, porque si no la cosa sería aún mucho más triste), he de aceptar que en cuanto uno se propone hacer algo más que gilipolleces se queda más sólo que una aguja en un pajar… porque todos los demás se pierden, desaparecen o hasta tienen el buen gusto de disculpar su ausencia.
Para hacer el payaso uno siempre encuentra compañía y quien le ria las "gracias". Claro, que lo que más atrae de un payaso hoy en día es que no nos compromete a nada su espectáculo, y no menos importante… que suele estar tan pirado que por lo general ni se plantea cobrar por el rato "entretenido" que nos hace pasar. Un argumento de peso si pensamos que a la inmensa mayoría de la gente no le llega el presupuesto para cubrir adecuadamente todo el tiempo que hay que llenar con algo.
Pues bien, me niego a hacer el payaso, aunque me quede solo. Lo malo de esto, es que cuando uno se queda solo, lo que puede hacer a partir de ahí, es solamente aquello que puede acometer en solitario. Eso quiere decir por lo general que muy poco y/o con un tremendo esfuerzo personal.
Si fuera una persona egocéntrica que se preocupara en exclusiva de su propio ombligo y pudiera ignorar las incongruencias en la forma en que ese yo estaría conectado al resto del mundo, igual podría pretenderme feliz y santas pascuas, pero desgraciadamente siempre me he sentido parte de una humanidad a la deriva necesitada de terapias de choque, consciente de que las cosas no van nada bien en su conjunto aunque haya islotes donde alguien con suficiente amnesia pueda pretender ser feliz. Yo necesitaría nada menos que una lobotomía para extirpar la conciencia y la razón, y desgraciadamente estoy demasiado cuerdo para no comprender que dejaría de ser humano… así que no, no hay solución.
Condenado a la soledad pues… ya que los demás tienen suficiente con sus propias miserias como para abrirle un hueco a las mías. Ya ni siquiera me queda la ilusión de sentirme útil interesándome por los problemas de los demás, porque esa utilidad radica en la facultad de contribuir a solucionarselos, y ya no me quedan recursos para seguir prestando ese servicio sin molestarlos solicitando que colaboren para mitigar los míos. Nunca he pedido nada a cambio de mi ayuda. Peor… nunca jamás le he pedido yo mismo ayuda a nadie. ¿Por que? Porque no quiero renunciar a la idea de que sois humanos… y como tantas otras cosas estos días, no estoy nada seguro de que pasaríais la prueba del algodón. Como la democracia, o los derechos… tantas otras cosas que se pueden suponer que existen empíricamente y con las que puedes construir castillos en sueños mientras no hagas la dichosa prueba del algodón y los pongas a prueba.
No, yo sé que vosotros sois humanos, sólo que la mayoría de vosotros lo ha olvidado, y despertaros del sueño sería una crueldad que no estoy dispuesto a cometer, además de parecerse mucho a una ruleta rusa con resultados impredecibles pero más que probablemente frustrantes.
En breve, los escasos recursos que me quedan se agotarán, y los ya escasos hilos que me mantienen anclado a esta vida con más o menos apariencia de normalidad irán perdiendo su consistencia y se disolverán. Como no tengo vocación de ladrón ni me apetece aprovecharme de lo que no se me concede, lo más probable es que desaloje el piso en el que vivo a finales de este mes porque no dispongo del alquiler para el mes que viene y no tengo condición para aprovecharme haciéndome el caradura. Este mes de septiembre cumple el año de permanencia obligatoria de la conexión ADSL con Tele2, así que por ahí cumplo mis compromisos por los pelos, aún cuando esta vez parece que no seré capaz de rescatar la última factura antes de que el banco la devuelva por impago. Una pena, pero me han fallado los compromisos de los compañeros de piso conmigo que me hubieran dotado de suficiente liquidez a tiempo.
Con la conexión que puede perderse en cualquier momento, desaparece la posibilidad de seguir actualizando esta blog para los cuatro gatos (¡si, cuatro gatos!) que de vez en cuando aún os dignáis consultar mi pulso vital, aunque maldito si entiendo el tipo de masoquismo que os empuja a ello. No se si en algún momento remontaré la cuesta, ya que la verdad sea dicha, me cuesta trabajo imaginarme que algún día valdría la pena intentarlo.
Dejar una vivienda donde has acumulado recuerdos y proyectos durante un par de años no es fácil, hay demasiadas cosas que no caben en una mochila de 75 litros. Algunas cosas son materiales, como este estupendo ordenador que junto con la conexión a internet me ha permitido ver más allá de los límites de alguien sin coche ni ganas de tenerlo, además de colmar horas y horas con sus diferentes posibilidades que de otra forma me hubiera costado una fortuna llenar de sentido. Pero bueno, esta vez por lo menos lo decido yo voluntariamente (de acuerdo con los límites que yo acepto en función de la razón y la ética que manejo y a la que sólo la muerte me puede hacer renunciar), no como la última vez, cuando aún tenía familia, que fueron ellos los que se encargaron de meterlo todo en un contenedor (de basura). Igual puedo dejar algunas cosillas con alguien, pero ¿tengo alguna esperanza de poder volver algún día a por ellas?
No lo se. De hecho, aún no se nada más que la fecha límite del banco para devolver la factura del ADSL era hoy… y ni idea de cuanto tardarían en cortar la conexión a partir de ahí. También supongo que mis compañeros de piso vuelven mañana, con retraso sobre la fecha prevista, tal como me dijeron por fin por teléfono… y todo depende entre otras cosas de cómo vuelvan. Si se hacen cargo de su parte (3/4) del alquiler, me devuelven un dinero que he tenido que adelantar y me dan algo de oxígeno… si vuelven con una mano delante y otra detrás… pues maldita sea su casta.
¿Cuántas balas caben en el tambor de un revólver? Curioso… no lo se, es la primera vez que me hago la pregunta. No, no pienso pegarme un tiro… es sólo un detalle bastante importante para el cálculo de probabilidades… ante cualquier situación donde intervienen factores ajenos a nuestra voluntad. Aún sin poder elegir cuales factores habrá que acomodar… nuestra reacción siempre se ha caracterizado por ser extremadamente racional (y no siempre a gusto de la mayoría, claro).
Por si ya no hay otra ocasión… a pesar de todo ha sido un gusto conoceros.
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Sobre esta Entrada
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- Publicada:
- el 20/09/2007 a las 2:18
- Categoría:
- 99. General








6 Velitas me iluminaron
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