Los OKUPAS de la SOBERANÍA

A modo de introducción

Resulta tedioso, por no decir prácticamente imposible, hoy en día, estructurar aquello que uno tiene que decirle a una audiencia lo más amplia posible de tal forma que la gran mayoría se vea interesada por el tema y consienta en escucharnos hasta el final. La gran mayoría de la gente tiene bastante limitado el tiempo en que puede prestar atención a cosas nuevas. Incluso entre las cosas que no le son nuevas del todo, tiene tantos hechos diferentes a los que debería prestar atención, ya sea requiriendo su acción o meramente el que los asimile mentalmente, y tanta urgencia por sacarle el “máximo rendimiento” al empleo de su tiempo, que ha asumido por necesidad un mecanismo de autodefensa y filtrado: descarta automática e inmediatamente prestarle más atención a cualquier tema en cuanto sea mencionado alguna palabra que se encuentre en su “vocabulario prohibido”.

El listado de asuntos o temas sobre los que alguien ha decidido previamente que nada de ellos vale un sólo segundo de su preciado tiempo, es personal e intransferible, propio de cada persona en si, pero indudablemente existe, cada cual tiene el suyo. Las razones que uno puede tener para incluir un tema concreto en esa lista personal son muy variadas, y van desde el simple hecho de que no interesa… porque no interesa, hasta el otro extremo, donde por raro que parezca sí que interesa, y mucho, pero la persona se ve abocada a reconocer que lo que ella piense o deje de pensar, haga o deje de hacer con respecto a ese tema… no va a cambiar en nada la opinión y/o los hechos en torno a ese tema en los demás. Un poco así como que no tiene sentido gastar ni un segundo de nuestro preciado tiempo en algo en lo que nuestros pensamientos o nuestra acción no van a influir para nada.

Aún si conseguimos en un principio no mencionar ninguno de los vocablos susceptibles de ocasionar el abandono de la atención por parte de la mayoría de nuestros lectores… no tenemos ganada la partida. A medida que avanza la gente en la lectura, e invierte tiempo en ello, espera encontrar alguna información relevante que le confirme que va por el buen camino siguiendo la pista que al principio le pareció prometedora. Si tardamos demasiado en proporcionársela, pondrá fin a su curiosidad decidiendo que el tiempo que ya ha consentido perder no se lo va a compensar nada de lo que pueda “quizás” aparecer más adelante, y lamentando haberse dejado engañar retrotraerá su elección hasta donde alguno de los otros temas que competían por su atención resulte elegido.

No es casualidad que nuestro titular sea el que es, y diga lo que dice. Tenemos algo muy importante que comunicarles, pero es sobre un tema de esos en los que se desengancha el 90% de la audiencia en cuanto se mencionan tres o cuatro “palabras clave” de esas comunes cuando se trata de la manera convencional.

No vamos a ser convencionales pues, e intentaremos mantener su atención aún durante la exposición de algunas cuestiones previas, que intentaremos también exponer sin que llegue a disparársele alguna de esas alarmas instintivas que le urja a prestar más atención a otros asuntos. Les prometemos que valdrá la pena.

Para situarnos correctamente en esta historia de soberanías y de okupas, sin que empiecen ustedes a tirarme los trastos a la cabeza o desertarme de su atención en cuanto mencione alguna palabreja de esas que por los tiempos que corren carga con postes el diablo, vamos a retroceder primero un montón de tiempo, a rebobinar hasta antes de que esas dos palabras cuya combinación aún les intriga tuvieran siquiera significado.

Por allá en los albores de la humanidad, desde que el hombre adquirió conciencia de si mismo, las personas han sido los únicos responsables de sus actos. Han evolucionado lentamente, acumulando cada vez más conocimiento nuevo encima de la vieja sabiduría de cualquier forma en que fuera posible combinarla, aunque raras veces abandonando completamente las antiguas formas incluso cuando las nuevas certificaban lo erróneas de las primeras. Los clanes utilizaban su poder e influencia para imponer el uso de las antiguas creencias meramente porque su aplicación les beneficiaba y se aferraban a ellas en lugar de adoptar la nueva sabiduría que aún siendo mejor propiciaría un cambio de las relaciones de poder, poniéndolo en manos ajenas. Esta es la forma en que situaciones e ideas erróneas y sobrepasadas han ido acumulándose unas encima de otras, entretejiéndose, distorsionando la visión de la realidad a favor de los poderosos durante siglos.

Desde el mismísimo principio, y hasta ahora, perfectamente compatible con la visión de cualquier momento en el tiempo y en el espacio, condición que no cumplen muchas otras teorías analíticas, la humanidad ha conocido dos tipos de personas: aquellos que no harían daño a otro aunque su misma vida dependiera de ello; y aquellos que no sacrificarían  una ventaja, por mucho daño que su aprovechamiento hiciera a los demás.

En resumidas cuentas, la gente actúa invariablemente de una de las siguientes formas:

1) los éticos, etiquetados como PRESAS en esta teoría.

2) los no-éticos, etiquetados como DEPREDADORES en la misma.

La terminología elegida no es fortuita, tiene profundas implicaciones:

a) las PRESAS son llamadas presas sólo porque existen los DEPREDADORES. Faltando estos, no habría ninguna razón de llamarlas PRESAS.

b) existiendo DEPREDADORES, el único destino lógico de las PRESAS es la exterminación.

c) la mejor defensa posible de las PRESAS es la acción conjunta para organizar defensas colectivas eficientes.

d) los DEPREDADORES no se pelean entre ellos a no ser que no queden PRESAS suficientes para conseguir aquello que pueda satisfacer todas sus necesidades.

e) los DEPREDADORES saben que un día agotarán a las PRESAS, y por lo tanto se dedican prioritariamente a optimizar la preparación para el día en que no les quedará otra alternativa que competir ferozmente entre ellos.

f) dos o más DEPREDADORES sólo colaboran entre ellos si el esfuerzo común les garantiza que cada uno de los participantes de la alianza obtendrá mejores resultados a través de ella que operando en solitario, y se mantendrán en la misma sólo mientras esto siga siendo verdad o no haya posibilidad de cambiarse a otra alianza con aún mejores resultados.

Estas seis reglas son suficientes para abarcar de forma consistente cualquier situación que se quiera analizar, ya sea social, política o económica, pasada, presente o futura. Ya sea local o global.

No hay situación imaginable que tenga relación con interrelaciones humanas que no pueda ser explicada convenientemente combinando algunas de estas seis reglas. Las situaciones complejas se producen como los resultados de efectos acumulados sobre espacios de tiempo dados bajo la influencia de la acción de varios actores o grupos de actores.

Estas reglas se aplican de forma individual, aún si PRESAS y DEPREDADORES son capaces de cooperar con otros de la misma categoría para alcanzar una eficiencia superior, incluso cuando ocasionalmente y de forma local PRESAS y DEPREDADORES son capaces de colaborar mutuamente si ambos grupos obtienen réditos de tal cooperación dentro de un lapso de tiempo generalmente corto.

Los mecanismos arriba someramente mencionados han de ser comprendidos cabalmente, y los efectos de su aplicación continuada en el tiempo apreciados, antes de que cualquier estrategia mundial pueda ser elaborada tendente a asegurar la supervivencia prolongada en el tiempo de aquellos llamados PRESAS, ya que esta sólo puede ser garantizada erradicando la presencia de los DEPREDADORES, ya sea exterminándolos físicamente, impidiendo su renovación generacional, o tratándolos para que abandonen la filosofía de los DEPREDADORES y se comporten durablemente de acorde a la filosofía de las presas.

¿Extraña historia, verdad?

Lo se, pero es la única forma que se me ha ocurrido para resumirles de una forma clara la historia y la evolución de la humanidad, proveyéndolos de una metodología analítica que puedan utilizar por si mismos independientemente de sus creencias previas, sus filias y sus fobias, sin utilizar multitud de palabras sobrecargadas de significados rebuscados y tan manidas que para la inmensa mayoría de ustedes hubieran significado la deserción inmediata de su atención a mi relato, para así dotarles de un entramado lógico no contaminado con el cual atacarse al resto de la historia. Seguro que a pesar de mis esfuerzos he perdido a más de uno, pero menos que si utilizando terminología socialista hubiera espantado a los no-socialistas, o utilizando terminología neo-liberal…, etc.

Quienes me hayan seguido hasta aquí… quizás ya intuyan cual es el significado que en mi titular desempeñan las palabras SOBERANÍA y OKUPA.

A veces, los prejuicios que acumulamos, actúan como “sentencias abreviadas” que nos ahorran un tiempo precioso a la hora de evaluar situaciones de las cuales nos faltan demasiados elementos objetivos para hacer una evaluación detallada y apegada a cada caso concreto… si era gitano (marica, negro, pobre,…) entonces lo más probable es que sí que sea culpable de aquello, ¿pues no es eso lo que hacen todos los gitanos (maricas, negros, pobres,…)?

Esto de ser PRESA, o ser DEPREDADOR… no depende de lo mucho o poco que uno tenga, ni de algo que dependa de la “clase social” de uno o su nivel de educación. Si me apuran, ni siquiera es algo que emana del entorno en el que uno se desenvuelve, aunque desde luego ese entorno específico le puede facilitar o dificultar a uno las cosas. No, ser una u otra cosa… es una elección íntima y personal, basada en la lógica y en la ética. Una decisión que desde luego una vez tomada lo marca a uno para el resto de su vida. Por eso, porque ser PRESA o DEPREDADOR no depende esencialmente del grupo social al que uno pertenezca inicialmente, aunque si que es una elección que uno debe hacer (y bastante pronto  por cierto) personalmente y en ello tiene por supuesto más capacidad de influir la tendencia más representada en el entorno inmediato.

Para ilustrar que no depende en la base de la clase social, suelo recurrir a las siguientes situaciones donde el resultado no es el que se espera normalmente:

Imagínense dos pobres de solemnidad atravesando juntos un desierto. Lo tienen crudo, la verdad sea dicha, sin equipo adecuado, poca agua,… Nos los imaginamos de clase social baja, bajísima. Dos típicas PRESAS sin suerte a punto de palmarla en un desierto que no perdona a quienes no tienen los medios para equiparse adecuadamente. Pero no… la clasificación no es tan fácil. Imaginaros que uno de ellos calza unas viejas botas raídas… mientras que el otro va descalzo. Imaginaros que el descalzo lleve ya horas dándole vueltas a una idea fija en la cabeza… que tiene más posibilidades de sobrevivir al desierto, por muy remotas que estas sean, si le rebaña el pescuezo a su compañero y se apodera de las viejas botas de este. ¿Sigue siendo una PRESA, o se trata de un DEPREDADOR poco afortunado que ha estado esperando una oportunidad?

Por otra parte, imagínense a una persona acomodada que por nacimiento forma parte de un entorno social típico de DEPREDADORES. ¡Qué se yo!, el hijo de un rey, el primogénito de un gran banquero, … ¿es DEPREDADOR por naturaleza? Aún con la dificultad añadida de tener que desenvolverse en dicho entorno simplemente porque no es nada fácil renunciar a relacionarse con la familia de uno por mucho que el entorno no agrade… si dicha persona no utiliza esa riqueza que le proporciona el entorno activamente como base para ir acumulando aún más, no ostenta ni despilfarra usándola en cosas vanas, y en cuanto puede sin crearse fricciones inaguantables con los demás miembros de su entorno ayuda a los menos favorecidos… ¿Es realmente un DEPREDADOR?

Hemos retrocedido muchísimo en el tiempo, hacia los albores de la humanidad, para analizar el fenómeno de la elección entre la filosofía PRESA y la filosofía DEPREDADORA, en qué consiste cada una de ellas y a que interacciones da lugar en un entorno simple, por no decir simplísimo, para que no se les atragantara la complejidad que ha adquirido el entramado hoy en día acumulando hechos sobre hechos hasta no poder apenas desentrelazarse para entender el mecanismo básico que sigue siendo exactamente el mismo, y también porque así podemos evitar para ello muchísimos términos de esos que si hubiéramos querido basar las explicaciones en circunstancias y hechos más actuales no habrían hecho más que hacerles saltar las alarmas tipo “esto no interesa saberlo” un par de veces por renglón. Muy poco útil pues para intentar convencerles de algo que hoy día resulta bastante complejo.

Porque evidentemente, con el avance del tiempo la situación se va complicando… los resultados de la elección personal de cada uno de los individuos que se van incorporando a la dinámica, y los efectos de las acciones que emprenden en el desarrollo de la misma, se van acumulando en la historia y van cambiando la base sobre la que han de incorporarse las generaciones posteriores.

Al principio, los DEPREDADORES encuentran más fácil buscarse el sustento fuera de los núcleos de población constituidos mayoritariamente de presas. Mientras estas se ocupan de tareas sedentarias, los primeros son exploradores, mercantes, cazadores… que encuentran más fácilmente la abundancia y la riqueza en los alrededores de los asentamientos y en tierras más allá aún sin explorar. Pero llega un momento en que los espacios aún por explorar se agotan, y otro en que la riqueza es relativamente más fácil de conseguir extrayéndola de las reservas de aquellos que previamente la han acumulado que acumulándola uno mismo. Pensemos por ejemplo en el lejano Oeste donde primero se instalaron granjeros, buscadores de oro, etc. Y de segundas abundaron los cuatreros y los atracadores de bancos y diligencias… Igual llega un momento en que los DEPREDADORES se disputan rebaños de PRESAS domesticadas, territorios por explotar, etc.

La filosofía del DEPREDADOR consiste en conseguir de la forma más fácil y rápida aquello que necesita para garantizar su supervivencia individual.

Primero… se busca la vida explorando y adueñándose de nuevos territorios y sus riquezas.

Segundo… intenta explotar rebaños de PRESAS.

Tercero… en cuanto las PRESAS se organizan unas defensas, vuelve a la exploración.

Cuarto… llega un momento en que no queda nada que explorar, y sale otra vez más rentable intentar explotar a las PRESAS.

Quinto… llega un momento en que todos los rebaños de PRESAS tienen algún grupo de DEPREDADORES explotándolos, con lo cual para ampliar el rebaño han de disputárselos entre ellos.

Actualmente, nos encontramos en esta quinta etapa. Los grupos de DEPREDADORES han organizado de la manera más eficiente posible la explotación de los recursos y los rebaños de PRESAS que dominan. Pero son varios grupos altamente organizados, y la garantía de supervivencia de cada uno de ellos depende de que sea capaz de acaparar un nivel de recursos tal que estime que los demás no osaran toserle… es una competición por la supervivencia… y hay que ser los más competitivos si se quiere ganar. Más competitivos… acumulando medios para defender lo que se tiene y para conseguir optimizar el ritmo al que se va acumulando cada vez más para asegurarse avanzar hacia los primeros puestos o mantenerse en la cúspide.

La supervivencia es una obsesión, y la filosofía y la lógica que les mueve pudo parecer inofensiva en el principio, cuando había vastos territorios nuevos por descubrir (aunque cabe preguntarse que pensarían sobre este particular los pueblos negros del África vendidos como esclavos o los indios de América prácticamente exterminados cuando nuestro afán de riquezas nos hizo descatalogarlos como humanos para relegarlos al estatus de mera mercancía o exterminarlos simplemente como estorbo)… pero desgraciadamente sigue siendo la misma ahora que ya no hay fuentes de riqueza fácil. Para sobrevivir hay que tener más, ser el más competitivo, el más despiadado, el más salvaje… siempre han de hacerse la misma pregunta: si esta nueva salvajada que se me ha ocurrido a mi no la pongo en práctica, ¿qué impedirá que otro con menos escrúpulos si lo haga y así me gane la partida? Hoy día ya no se trata de quitarle algo a unas pobres PRESAS inocentes e indefensas. Puesto que cada rebaño tiene su pastor que es un DEPREDADOR experto, se trata de ser más listo, más fuerte, más despiadado, etc. La presión es enorme. Instalados en la eterna sospecha, cada depredador trata permanentemente de ser más “lo que sea menester”, pensando que si se descuida le puede ganar la mano su propia sombra… hasta tal punto que todo se racionaliza en función de la necesidad de ser los más eficientes, echando por la borda cualquier atisbo de lógica u ética que sea una traba. Al final, la única estrategia efectiva es que todos los riesgos valen la pena… es la apuesta permanente: cara, yo gano; cruz, todo el mundo pierde.

Lo malo de esta estrategia, es que en demasiadas ocasiones todo el mundo pierde, una vez de forma visible, otra vez cruzando líneas de no retorno cuyos efectos sólo se harán notar mucho más tarde. Cada vez la moneda con la que se cubre la apuesta es más pesada… con lo cual cada vez nos acercamos más al momento en que alguien se atreva a hacer la apuesta en la que todo el mundo pierda y la humanidad en su conjunto no sea capaz de recuperarse de las consecuencias.

Este es el juego que se traen entre manos aquellos que se rigen por la filosofía de los DEPREDADORES… una filosofía que pudo parecer inocente al principio, pero que llevada hasta sus últimas consecuencias en el presente sólo puede acabar en desastre. Sólo falta tiempo para que alguien apueste con un dedo sobre el famoso botón rojo… y el muy cabrón no haya ido de farol cuando pierda.

Esta clase de seres, los DEPREDADORES, son quienes en su enfermiza necesidad de garantizarse la supervivencia encadenados irremisiblemente a una lógica que en los albores de la humanidad no parecía ser para nada dañina bajo las condiciones entonces reinantes, hoy lo manipulan todo hasta niveles insospechados de una forma que ellos ven inevitable pero a la cual no son siquiera capaces de analizarle la lógica subyacente o incluso pudiendo no encuentran la forma de dejar de hacer lo que están haciendo.

Se han convertido en LOS OKUPAS DE LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS, reducidos estos a meros rebaños indispensables por un lado, prescindibles por otro, al infiltrarse en busca de seguir acumulando indefinidamente los recursos cada vez más desorbitados necesarios para desarrollar sus estrategias individualistas de supervivencia en todos los estamentos de la sociedad donde de pueda obtener un beneficio.

Deberían estar en el manicomio donde tratamos con compasión a quienes por exceso de racionalidad han perdido su humanidad.

¿Qué podemos hacer quienes nos regimos por la filosofía de las PRESAS para quitarnos de encima la razón por la cual nos merecemos tal nombre y tamaños parásitos, y evitar el desenlace final trágico hacia el cual están abocando a toda la humanidad?

Seguiremos en una próxima entrada.


Sobre esta Entrada